"Life is like riding a bicycle - in order to keep your balance you must keep moving"

“La vida es como andar en bicicleta, para mantener el equilibrio tienes que seguir moviéndote”

Albert Einstein

domingo, 20 de noviembre de 2011

DE NUEVO EN LA AMAZONÍA

Qué espectacular paisaje dejar los Andes para perderse en el verde ondulado Amazónico…


Iniciamos el descenso en Baños de Ambato, parando a cada rato para observar las cascadas que se suceden en el margen derecho de la carretera, que serpentea en el costado izquierdo de la montaña, perforando de vez en cuando la roca para adelantar unos metros. Por suerte para los ciclistas, existe la alternativa de la antigua carretera, que se aleja del camino rectilíneo de los túneles para volver después al camino principal buscando de nuevo el puente sobre  las numerosas quebradas que bajan llenas de agua.


Este recorrido se ha convertido en un atractivo turístico. En Baños alquilan bicicletas para recorrerlo y animarse a bajar en unos pequeños teleféricos para cruzar el valle transversalmente.


Conforme perdemos altitud, el aire se vuelve más ligero, más caliente y un pelín más irrespirable. La humedad está por todas partes y solo a la sombra se hace soportable. Encima de la bicicleta toca concentrarse en la rueda delantera y disfrutar del verde. Cuesta abajo es fácil, tu velocidad es la velocidad del ventilador que tienes enfrente. Cuesta arriba es otra cosa. Cuanto más marcha le das al ventilador, más se exprimen los sobacos y toca parar de vez en cuando para beber agua y retomar el aliento.


Antes de llegar a Puyo pasamos por un pueblo llamado “Shell”, es el vestigio de una antigua concesión petrolífera, hoy en manos de AGIP. El resto del camino que nos llevará a Coca está plagado de concesiones y plantas petrolíferas, no muy visibles desde la carretera. Las bolsas del preciado combustibles no son muy grandes y necesitan multitud de perforaciones. El mapa de concesiones es una especie de TETRIX a escuadra y cartabón, donde figuran PETROAMAZONAS, REPSOL, unos Chinos… y la reserva natural de YASUNÍ, a donde nos dirigiremos con las canoas en los próximos días para la capacitación en instalaciones fotovoltaicas. La posible concesión y posterior explotación de esta área es hoy un tema controvertido en el que trabajan nuestros amigos de ISF. Ya hablaremos de todo ello…


Llegamos a Puyo justo antes de que caiga uno de los diluvios que a diario rompen con la electricidad estática y riegan a placer todas y cada una de las plantas, aliviando con su frescor temporal la tensión de las glándulas sudoríparas. Cicleando por el pueblo nos encontramos con un tal Tuquín, un automovilista con alma de ciclista que detiene su carro para interrogarnos, darnos información del camino y la dirección del hostal de su primo en el siguiente pueblo para que lo busquemos.


En el día siguiente alcanzamos Tena, concediéndonos un día extra en el pueblo por el aguacero que vuelve a regar el suelo la mañana siguiente. El hostal del primo de Tuquín tiene hamacas e internet, una buena combinación. Aprovechamos el descanso de la tarde para liberar las bicis de su peso y desviarnos 24 Km hasta Mishahualli, el pueblo donde se juntan el río Napo y el Mishahualli. Las bicicletas vuelan… e incluso tenemos unos minutos en el camino de vuelta para darnos un chapuzón en el río.


Retomamos la ruta en dirección a Narupa a la mañana siguiente. A escasos 15 Km de Tena están las cavernas de Yumandi. Cuando pagamos la entrada de dos dólares montados en nuestras bicis no tenemos muy claro lo que estamos haciendo. Minutos más tarde, cuando dejamos el equipaje en sitio seguro, aparece un señorcito desaliñado y un cierto aire pasota. Negociamos el precio y entonces saca una llave del bolsillo y abre una verja que permanecía cerrada, separando el espacio embaldosado con piscina ochentera e instalaciones caducas donde nos encontramos, de un sendero que se abre camino entre la vegetación para hundirse en un hueco oscuro de donde mana el agua.


Se llama Pedro, es descendiente, según dice, de la antigua estirpe capitaneada por el líder YUMANDI. Rey le llega a llamar. Yumandi guió a su pueblo dentro de estas cavernas escapando de los conquistadores españoles. Durante los cinco meses que duraron las incursiones, permanecieron en la oscuridad de estas cavernas, tramando estrategias de defensa y evacuación, mientras atentaban contra la vida de los intrusos escondidos en el follaje. Su pueblo sobrevivió y Pedro dice ser el resultado de aquello. Hoy en día las cavernas les pertenecen y tienen otra especie de concesión para su explotación turística. Lo cierto es que las cuevas nos atraen, así que no podemos faltar a la cita… El frescor que se respira dentro es un alivio, avanzamos con la mitad del cuerpo metido en el agua disfrutando de los murciélagos encaramados en el techo, los peces ciegos en el agua y todas las formaciones de estalactitas y estalagmitas, incluido una especie de brócoli gigante. En un punto determinado, justo al pie de una cascada interior del río en la roca, Pedro nos invita a darnos un chapuzón. Hay dos pozas, una pequeñita, casi tubular con una profundidad de 4 m. La otra de unos 2 m, más ancha, donde retumba el sonido del agua al caer. La primera es la que más nos impresiona. Estar allí metidos, rodeados de agua, de roca y de cueva…


La salida de la cueva es preciosa. Las plantas selváticas parece que quieren meterse todas dentro de la cueva para disfrutar de unos grados menos. Salimos con cierto disgusto, comemos algo y retomamos el sillín y el manillar. Las cuestas que vienen ese día se nos hacen bastante intragables… hasta que por fin alcanzamos Narupa. Preguntamos por un lugar para alojarnos. No lo hay. El policía no es de allí y las chicas del pueblo que están junto a él sentadas no parecen muy proclives a mover sus mandíbulas si no es estrictamente necesario. Nos recomiendan seguir hacia adelante. Entre una media hora a una hora… en carro – dicen. Uff, este cuento ya nos lo sabemos, o mejor dicho, sabemos que no tienen muy claro lo que dicen y menos en cuánto tiempo puede llegarse en bicicleta. Cambiamos de interlocutores y unos metros más adelante interrogamos a un tranquilo tendero. Nos concentramos en dar toda la lástima posible y por fin se apiada. En el pueblo hay una especie de casa comunal. Son cuatro paredes y un techo de Zinc. Montamos allí la tienda y nos vamos a cenar a su tienda-restaurante. A la vuelta una alimaña ha aprovechado el momento para zafarse llevando consigo el pan de la próxima jornada. Compramos más, qué le vamos a hacer.


La etapa del día siguiente hasta Loreto es la más dura. Son 87 Km con rampas cortas (no más de 3Km), pero muy duras. Para más inri nos tocan un par de aguaceros. Como tenemos menos cuento que CALLEJA (dícese del insigne presentador de programas televisivos de aventura a quien apreciamos, pero que siempre introduce artificiales escenas de tensión y suspense en la postproducción unos minutos antes de lograr “el desafío extremo”). Paramos en el refugio más cercano, respiramos hondo y nos ponemos a leer para pasar el rato. 


En alguno de los recodos del camino alcanzamos a divisar el Volcán Sumaco, presidiendo el verde relieve amazónico. Lo saludamos con mucho respeto.



Dormimos en Loreto y al día siguiente pedaleamos el tramo que nos queda hasta Coca. El perfil de la etapa no tiene sorpresas y las carreteras siguen estando en muy buen estado. Todo hubiera ido como la seda, si no llega a ser porque a la patilla derecha de la parrilla de la bici de Sergio le diera por ceder incrustándose contra la cadena deteniendo su discurrir. Frenamos con suavidad, descubrimos la avería y casi sentimos empatía por la fatiga de esta sección alumínica que ya desde los valles Calchaquíes ha venido soportando peso a golpe de los numerosos baches del camino. ¿Pero por qué ahora que el asfalto es inmejorable? – le preguntamos. No hay respuesta. Tampoco posibilidad de soldar, así que gracias al santo cordino que nuestro amigo Alejo nos recomendó, nos da para remediar el asunto colocando la parrilla en su sitio y haciendo un atadillo con la tensión suficiente. Que aguante… de momento no hubo problemas hasta Coca, donde después de un buen jugo de tomate de árbol, buscamos a nuestros amigos de ISF en la oficina. Ya estamos en el Coca.


1 comentario:

  1. ¡Cuánta agua y cuánto verde! Y qué apañados sois para solventar averías y buscar alojamientos. Bscos

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